El
Día de Muertos una tradición que se niega a morir...
Por:
Yannett Torres R.
Aún
en los tiempos acelarados en los que vivimos hoy en día y
con cada vez mayor tecnología a nuestro alcance hay algunas
tradiciones que se niegan a morir como lo es el "Día
de Muertos", tradición con la que muchos mexicanos
hemos continuado a través de varias generaciones.
Para la cultura
cristiana occidental, la tradición de rezar por los muertos
se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde se
honraba con gran piedad su recuerdo y se ofrecían oraciones
y sacrificios por ellos. Según enseña la Iglesia,
cuando una persona muere, ya no es capaz de hacer nada para ganar
el Cielo. Sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras
obras para ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón
y la purificación de sus pecados para participar de la gloria
de Dios.
En el mundo
prehispánico también existía un concepto muy
desarrollado sobre la vida después de la vida. Para los aztecas,
por ejemplo, la muerte no era el final de la vida, sino una transformación.
Creían que las personas muertas se convertirían en
colibríes, para volar acompañando al Sol, cuando los
dioses decidieran que habían alcanzado cierto grado de perfección.
Mientras esto sucedía, los dioses se llevaban a los muertos
a un lugar llamado Mictlán, que significa lugar de la muerte
o residencia de los muertos, para purificarse y seguir su camino.
Para los mexicanos,
una manera de decir que el recuerdo de nuestros seres queridos ocupa
un sitio sagrado es poniendo un altar, si quieres seguir con esta
tradición, a continuación te damos algunos tips para
que puedas hacerlo.
El altar se
levanta en un lugar con tres niveles, cubiertos con un mantel morado
que representa el color del luto cristiano y uno blanco deshilado.
El nivel inferior, representa el mundo; luego, el Purgatorio donde
se purifican las almas antes de llegar al último nivel, el
Cielo.
Flores de Zempoalxochitl
(nombre de flor anaranjada llamada también flor de muerto,
cuyo símbolo es el de la tristeza). Sus pétalos de
color anaranjado brillante, guian al difunto para que encuentre
su camino.
El altar se
adorna con papel picado con motivos alusivos a la muerte, con el
sentido religioso de ver la muerte sin tristeza, pues es sólo
el paso a una nueva vida.
Los aztecas
fabricaban calaveras de barro o piedra para tranquilizar al dios
de la muerte. Los misioneros, en vez de prohibir esta costumbre
pagana, fabricaron calaveras de azúcar como símbolo
de la dulzura de la muerte para quien es fiel a Dios.
Desde entonces,
cada 1 y 2 de noviembre se ora por los santos y las almas de los
difuntos.
Imágenes
de la Virgen María y de Jesucristo representan el único
camino para llegar al Cielo.
El agua
simboliza las oraciones que calman la sed de las ánimas en
el Purgatorio y representa la fuente de la vida.
La sal
simboliza la resurrección de los cuerpos, pues se utiliza
para la conservación.
Las veladoras
representan la fe, la esperanza y el amor eterno.
El fuego
simboliza la purificación.
El incienso
aleja al demonio.
En la ofrenda
también se incluye comida. Estos platillos son los que gustaban
en vida al muerto. Los que no pueden faltar: son la calabaza en
tacha, los tamales, el mole, el atole, además del café
y los cigarros y por supuesto el Aguardiente, Pulque, Tequila, etc.
En algunos lugares
de México, la celebración de los fieles difuntos dura
hasta tres días; el primer día para los niños.
El segundo, para los adultos y el tercero, para quitar el altar
y comer todo lo que hay en éste.
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